Intentos desesperados para captar tu atención, jugar a esconderme debajo de las piedras silenciosas, pero sigilosa cual felino hambriento de ti, desesperación absoluta, por sentirte cerca, palpable y solo observarte impropio, distante, fugaz. Jugar al estratega, siempre planeando, pensado cual será el próximo movimiento que me permitirá conquistar tu corazón pero carente de la frialdad que caracteriza esa profesión, me vuelvo temerosa solo al contemplar la idea que un mal movimiento te aleje de mi.
Mente, alma y corazón han sido cabalmente colonizados por tu existencia, existencia pecaminosa, que me lleva a vivir un sin número de sensaciones ya conocidas, que me llenan de vida, de alegría de brillo, de expectativa e incertidumbre.
Es una lucha constante entre la razón, y el corazón lo que me haces vivir a diario, mientras intento controlar estos instintos, estos sentidos que enloquecen cada vez que te sienten circundar vagamente por mi mente. Es una sinfonía de sonrisas silenciosas, la que brota de mis labios al verte protagonizar mis recuerdos. Es el nerviosismo lo que se apodera de mi cuerpo cada vez que miro fijamente tus ojos ilegales que han de aprisionarme eternamente al contoneo de tus caderas, al hechizo de tu sonrisa, a la precisión de tu palabra a la inefabilidad de tu ser. Eres el elixir de vida que le hace falta a la mía…
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